Sprays de pimienta, pistolas y miedo: Así es cómo un arma puede cambiar tu realidad


En diciembre de 2014 entré por error en Farish Street, un barrio bastante conflictivo de Jackson, Mississippi. Un vecino lo describe en TripAdvisor así: "Soy de Jackson y si eres blanco en esta zona asegúrate de llevar encima una pistola. Es una parte muy peligrosa de la ciudad." Sin embargo, en esos momentos yo sólo sabía que era una zona histórica por haber sido construida por esclavos, y con las mismas agarré la cámara y me planté allí con todo mi salero europeo.

 

Meses atrás, al comienzo de mi viaje, me había reencontrado en el estado de Maine con un viejo amigo. Cuando le conté que pensaba recorrer el país sola, me llevó a su coche y sacó de la guantera un spray de pimienta - el primero que yo había visto en mi vida, ya que son ilegales en España - y me lo puso en la mano. Básicamente, era una forma de protegerme por si alguien intentaba violarme o agredirme de alguna otra forma, pues ya sabía que si me robaban no debía oponer resistencia. Yo no quise aceptarlo, pero él insistió, así que lo guardé.

Nunca llegué a usarlo. Sin embargo, mi viaje habría sido totalmente distinto de no haberlo llevado conmigo.

 

Farish Street, antes de darme cuenta de que ya podía ir escondiendo la cámara.
Farish Street, antes de darme cuenta de que ya podía ir escondiendo la cámara.


Desde ese momento, cada vez que metía la mano en la riñonera para sacar algo y tocaba el spray, la consciencia del peligro volvía a mi mente. Su tacto se convirtió en un recordatorio de que mi viaje era peligroso, de que yo era vulnerable y, en última instancia, de que cualquier hombre podía atacarme. Sacaba el móvil para mirar la hora, o la cartera para comprar un helado, y de pronto todos las personas de mi alrededor se convertían en una amenaza en mi cabeza. Irónicamente, el spray me hizo sentir más inquietud en vez de más seguridad.

Ésta es la cultura del miedo. Vivir en continua sensación de defensiva, recordando que puedes ser víctima de un ataque en cualquier momento. La legalidad de las armas no es fatal sólo a efectos prácticos, sino también a nivel psicológico. Cada vez que una persona ve, piensa en o habla del arma que hay en su casa, automáticamente aparece en su mente la necesidad de tener esa arma. Se crea un discurso constante, consciente o no, alrededor de esa necesidad y esto también constituye un peligro, porque normaliza y justifica su uso. La paranoia, el todos contra todos, el no bajar nunca la guardia incita precisamente a "disparar antes de que te disparen". Disparar por si acaso. Disparar, y después preguntar.

 

Ya, pero, ¿y si no hubiera tenido tanta suerte? ¿Y si me hubieran atacado?



Mientras caminaba por Farish Street dándome cuenta de dónde me había metido, metí la mano en la riñonera buscando seguridad en el tacto del botecito. Pero no la sentí. No la sentí porque inmediatamente entendí que no me valdría de nada. En EE.UU. las armas son legales, ¿qué iba a hacer yo con un spray de pimienta si alguien me atacaba? Ni siquiera una pistola me habría servido, porque seguramente el posible agresor llevaría una. Así que salí de allí lo más rápido que pude y desde entonces me informé bien de los sitios en los que me metía antes de poner un pie en ellos.

 

Los ataques a punta de pistola no se solucionan con más pistolas, sino con más educación. Las violaciones no se evitan enseñando a las chicas a defenderse, sino enseñando a los chicos a no violar. Y la justificación de la violencia no se detendrá si lo último en lo que pensamos antes de dormir es el arma que hay guardada en el cajón. Esto es lo que aprendo cada vez que regreso al país y lo que entendí al sorprenderme formando parte de esa mecánica. El miedo es una herramienta de control que nos hace ver más monstruos de los que realmente hay. Y así, al final, acabamos creándolos nosotros mismos.


Write a comment

Comments: 2
  • #1

    Víctor Perezagua (Monday, 27 July 2015 12:02)

    Todo se resumen a un axioma muy facil: si tengo una pistola, puedo matar. Es decir, sin pistolas, no hay muerte. Obviamente, se puede matar a otra persona con muchas cosas, pero el hecho de sentirse seguro por poder matar es la propia inseguridad con el nombre contrario.

  • #2

    Revolution on the Road (Tuesday, 28 July 2015 09:07)

    Sí, Víctor, estoy de acuerdo. El hecho de que ese objeto haya sido específicamente creado para herir/matar cambia todo (también puedes usar un cuchillo para matar, pero cuando lo ves no piensas en matar porque tiene otros mil usos antes que ése).

    "El hecho de sentirse seguro por poder matar es la propia inseguridad con el nombre contrario. " < Me gusta mucho esa frase.

    Gracias por tu comentario :)