"¡Es que no se puede discutir contigo!": El arte de discrepar y 3 consejos para que no acabe en desastre

Noviembre 2014, Washington DC

 

Seguramente hayas dicho esta frase alguna vez.

Y seguramente alguien te la haya dicho a ti.

 

Tras muchas conversaciones sobre política y sociedad con gente de distintas nacionalidades, he dado con algunas ideas que me han ayudado a pasármelo mejor discrepando con otras personas. Aquí van algunas de ellas, por si a ti también te sirven:

 

1) La importancia del contexto (o cómo hablar de liberación sexual a la abuela)

 

Parece que sólo nos damos cuenta de esto cuando viajamos, pero en cada persona existe un inmenso trasfondo cultural y social que damos por sentado durante un debate. Esto ocurre porque en nuestras charlas diarias con quienes nos rodean, este trasfondo suele ser muy similar: el país donde nacimos, la religión que siempre nos ha rodeado o el nivel adquisitivo de nuestra familia son parte de quienes somos y ejercen una fuerte influencia en nuestras opiniones, nos guste o no. Por esta razón, al viajar estas brechas se ensanchan y suponen un reto comunicativo mayor que cuando estamos en casa.

 

Y ahora, una bonita historia: Una vez, en EE.UU., metí la pata a lo grande durante una conversación con un grupo de progres sobre la tenencia de armas. Al dar por sentado que la postura de la sociedad izquierdista del país sobre este tema sería la misma que la de la nuestra, solté un par de comentarios algo duros que fueron respondidos, para mi sorpresa, con bastante acritud. Porque, mientras en Europa vemos las armas como una mera herramienta de defensa, para la mayoría de los estadounidenses (conservadores o progresistas) éstas representan además una importante parte del nacimiento y legado de su nación. Al no caer en que nuestro contexto histórico (y simbólico) no era el mismo, ofendí sin quererlo a gente muy agradable con quienes podría haber tenido una conversación interesante. Minipunto para Elisa.

 

Pero el contexto no es importante sólo para no liarla durante una conversación como hice yo - también resulta esencial en cuanto a la profundidad con la que tratar un tema en cuestión. Por eso no puedes hablar de la liberación sexual de la mujer al mismo nivel con tus amigas que con tu octogenaria abuela católica. Al final me di cuenta de que si contextualizaba y adaptaba mi discurso, al menos una o dos de mis ideas serían escuchadas y consideradas por la persona en desacuerdo.

 

Peticiones en el Old Capitol State Museum (Jackson, Mississippi, EE.UU.)
Peticiones en el Old Capitol State Museum (Jackson, Mississippi, EE.UU.)


2) El lenguaje es lo menos inocente del mundo

 

La forma en que expresamos una afirmación puede ser más poderosa que la propia afirmación. No hay verdades absolutas en el campo de la opinión. Que sí, que esto es muy obvio, pero a mí me cuesta mucho ser consciente todo el tiempo de que mis opiniones no pueden ser objetivas, por mucho que se apoyen en datos reales. Así que poco a poco he ido cambiando la forma de expresarme para prevenir que el ambiente se caldee demasiado:

 

  • He sustituido "X" por "Yo opino que X" porque así muestro a la otra persona que soy consciente de que X es algo subjetivo, no una verdad absoluta.
  • He sustituido "Pero..." por "Te entiendo perfectamente, pero...", porque así muestro a la otra persona que he escuchado lo que ha dicho, aunque no esté de acuerdo. Y si no la "entiendo perfectamente", le pregunto.
  • He sustituido "Sí, pero..." por "Creo que tienes toda la razón en eso, estoy de acuerdo. Pero..." y puede que esto sea lo más importante. Cuando la otra persona dice algo con lo que estoy de acuerdo, remarcarlo puede ser un movimiento esencial, porque genera un ambiente instantáneo de cercanía. Si paso por alto su afirmación y sigo a lo mío, da un poco la impresión de que mi objetivo es "ganar". El terreno común puede ser un buen descanso en una conversación.

 

Introducir estos pequeños cambios en la forma de hablar me ha ayudado muchas veces a mejorar el ambiente de la conversación. Ah, y un bonus: ten cuidado con el lenguaje no verbal. Me costó muchos malentendidos darme cuenta de que daba igual que eligiera las palabras más educadas del mundo si mis manos o mis ojos mostraban impaciencia, porque al final acababa cabreando a la otra persona (y con razón).

 

Todo depende del cristal desde el que lo mires. Sobre todo si dentro hay un Bloody Mary. (Nueva Orleans, Louisiana, EE.UU.)
Todo depende del cristal desde el que lo mires. Sobre todo si dentro hay un Bloody Mary. (Nueva Orleans, Louisiana, EE.UU.)


3) La información es poder (ay, cuánto daño ha hecho Tumblr)

 

Resulta que eres una feminista vegana transgénero que odia el heteropatriarcado y defiende el anarcosindicalismo. Muy bien. O tal vez no eres ninguna de estas cosas y te preguntas qué coño significa la mitad de ellas. Muy bien también. Pero si la primera persona no asume que la segunda no maneja estos términos, seguramente acabaréis discutiendo.

 

Éste es el problema de comunicación más común entre activistas y no-activistas que he visto hasta ahora. Mientras muchos no-activistas se niegan a conocer lo que implican ciertos términos antes de usarlos (ojalá un céntimo por cada vez que he oído "yo no soy feminista, yo creo en la igualdad"), es cierto que muchas veces los activistas dan por sentado que todo el mundo debería conocer esos términos e incluso se enfadan si no es así. Y eso sólo lleva a hacer que la otra persona sienta que su intelecto está siendo atacado. Así que, cuando descubro que soy yo quien maneja términos o información más específicos o profundos sobre un tema (simplemente porque me apeteció leer más al respecto), intento explicárselos a la otra persona antes de usarlos. Y si no tengo paciencia para hacerlo, simplemente no los uso.

 

Por otro lado, cuando soy yo quien maneja menos información o términos, me lo tomo como una oportunidad para aprender. Mantener una mente abierta me ha hecho descubrir ideas que conectan con pensamientos que ya tenía desde antes, enriqueciéndolos. Y no me refiero sólo a términos sociológicos - si te pones a hablar de Kim Jong-Un con alguien que ha vivido en Corea del Norte, o sobre el salario mínimo con un trabajador de McDonald's, cierra el pico un momento y escucha lo que tengan que decir.

 

 

BONUS

 

Mantente abierta/o. La mejor predisposición es la de encontrar en la otra persona una idea que cambie o ensanche tu forma de ver el mundo. Esto no va de ganar, va de expandir tu mentalidad. Yo siempre intento "pillarme" a mí misma intentando ganar. ¿Estás escuchando o estás esperando tu turno para hablar? Y, si nada de esto funciona y la otra persona se pone muy tonta, recuerda que no tienes ninguna obligación de continuar una charla que te incomode.

 

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Comments: 2
  • #1

    Víctor Perezagua (Saturday, 19 September 2015 13:36)

    Cuando se interioriza eso que dices, (yo creo), que has madurado casi al 70%, porque acabas de ponerte en posición de aprendizaje, y no de defensa. Al final, una mente puede o tener miedo (y no evolucionar por miedo) o curiosidad (y evolucionar constantemente para responder a las preguntas que te surgen, con una pequeña tasa de miedo para no acabar muerto). Si alguien se defiende de una opinión, es porque la tiene miedo y no hace nada por comprenderla. - ¿Porque me voy yo a plantear si quiera que significa transgénero? Paso de eso y me pilla lejos, o mejor, lo destruyo, a ver si me va a privar de mi estilo de vida actual. - Y de ahí vienen tantos males, porque la pluralidad es tan peligrosa para un sistema moderno como el adoctrinamiento para cualquier inteligencia. Mejor te enseño un camino, andas por él y pasa de las vistas, a ver si va a ver al lobo... (el lobo está al final del camino, con perdón de los lobos).

  • #2

    Revolution on the Road (Sunday, 20 September 2015 19:27)

    Estoy muy de acuerdo. Yo creo que la pereza muchas veces es miedo disfrazado, sobre todo la pereza por aprender, y la curiosidad, como tú dices, la mejor cura.

    PD: Me parece un bonito detalle que pidas perdón a los lobos, son animales muy hermosos.