Ay, pobrecitos

 

La primera vez en mi vida que vi una frontera de hormigón y alambradas de espino fue hace tres semanas, en el paso a Grecia desde Albania. Pertenecer a un país miembro de la Unión Europea no me evitó la hora y media de estricto control migratorio que incluyó la desaparición temporal de mi pasaporte a manos de las autoridades y la inspección de mi mochila. Yo no podía apartar la mirada de las cuchillas, preguntándome cómo sería ese proceso para una persona originaria de Oriente Medio, mientras el destartalado autobús en el que viajaba se adentraba en el país destino de miles de personas que huyen del horror del suyo.

 

Pasé dos semanas en total en el City Plaza. Se trata de un hotel de Atenas que quebró y se cerró a causa de la crisis, pero que el pasado mes de abril volvió a la vida gracias a un grupo de activistas que lo limpiaron, lo okuparon y lo reabrieron para dar cobijo a un total de 400 personas refugiadas. En este edificio viví durante aquel tiempo, compartiendo mesa con personas de origen sirio, afgano, iraní, kurdo, iraquí, palestino y pakistaní.

 

Parece mentira, pero ni toda la concienciación del mundo, ni todas las campañas de ayuda me evitaron caer en ciertos clichés y microrracismos contra los que me di de bruces durante mi convivencia con estas personas. De hecho, creo que algunas de mis meteduras de pata fueron consecuencia, en parte, de la forma en que articulamos en Occidente el tema de la ayuda a las y los refugiados. No debemos olvidar que dos de los pilares básicos sobre los que se sostienen históricamente nuestros países europeos son la religión y el imperialismo, factores claves para el caldo de cultivo de la caridad - un concepto muy, muy diferente de la solidaridad.

 

 

La primera vez que me topé con mi propio racismo condescendiente tuvo lugar a los pocos días de llegar. Conocí a una chica de 24 años, llamada Noor, procedente de Siria. Llevaba puesto un hiyab y su mirada transmitía una tímida simpatía. Me senté a hablar con ella y le pregunté qué era lo que hacía antes de venir, a lo cual me respondió que acababa de terminar la carrera de Ingeniería Mecánica. Su respuesta me dio en la cara como un bofetón. Pero si yo había venido a ayudarla a ella, ¿cómo que Ingeniería Mecánica? ¿Una chica siria? ¿¿De mi edad?? Me di cuenta de la enorme condescendencia (e ignorancia) con la que me había acercado a Noor. Yo ya sabía que muchas de las personas que huyen hacia Europa tienen carreras y oficios de prestigio (entre otras razones, porque son quienes pueden permitirse el pasaje en lancha desde Turquía), pero al posicionarme como alguien que iba a ayudarlos, me había colocado inconscientemente "por encima" (pensamiento, además, bastante clasista, como si la educación recibida fuera motivo para creerte por encima o por debajo de alguien). Por muy activista que fuera, había caído en la trampa de actuar caritativamente, y no desde la solidaridad. Esta lección fue suficiente para eliminar aún más predisposiciones de mi cabeza y empezar a observar el comportamiento de los voluntarios con otros ojos.

 

En aquellas dos semanas en el City Plaza centré mis esfuerzos en crear, junto a más activistas, un programa de actividades para las niñas y niños del hotel, que no tenían nada con que entretenerse más que corretear por los pasillos y pelearse por juguetes. Ideamos formas de que aprendieran usando el dibujo, los juegos y el ejercicio físico, e incluso empezamos a proyectar películas a diario. Muchas personas se unieron a esta iniciativa, pero poco a poco fui observando que no todas actuaban movidas por los mismos resortes. Mientras que había quienes trataban a los niños con simpatía respetuosa y pedagógica, recibimos también la visita de muchas personas que venían a abrazarlos, llenarlos de besos, hacerse fotos con ellos y marcharse con la conciencia lavada, suspirando "pobrecitos" y sin haber aportado absolutamente nada. Como hizo en mayo Albert Rivera, vamos.

 

Esta actitud paternalista convertía a los niños, durante unos minutos, en animales de zoo, y los despojaba de toda individualidad, reproduciendo en un copia-pega el concepto de niño tercermundista desamparado con la lágrima en el ojo de los carteles de campañas de ONGs. Y es lógico, hasta cierto punto. Es la imagen prototipo que todos tenemos en la cabeza, y evidentemente estos niños han vivido horrores impensables a una edad muy temprana. Sin embargo, cuando los convertimos en objeto de contemplación tratándolos con caridad (y no con solidaridad), los situamos por debajo de nosotros y los identificamos con su tragedia en vez de ayudarlos a superarla. Y así elevamos, una vez más, una barrera entre nosotros y ellos, los héroes y los pobrecitos.

 

 

Una de las formas más potentes experimenté de humanizar a las personas refugiadas, de verlas como individuos y no como un concepto colectivo, fue descubrir que algunas me caían mal. En la cola del desayuno había una señora que siempre, siempre intentaba colarse y toqueteaba las tostadas para elegir la suya cuando yo me daba la vuelta. Me caía fatal y me parecía una egoísta. Y cuando descubrí esta sensación me sentí algo culpable: ¿Cómo podía caerme mal una refugiada? Si ella era una víctima, no podía caerme mal. Y sí, claro que lo es. Todos ellos son víctimas, pero una cosa no quita la otra. Si mañana empiezan a caer bombas sobre mi barrio, mi vecino de arriba será una víctima también, y yo me solidarizaré con él y nos ayudaremos en la desgracia - pero él, como persona, me seguirá cayendo mal igual que ahora. Y no pasa nada, porque la humanidad y la solidaridad están por encima de las simpatías o antipatías personales.

 

Solía decir Nasim, uno de los coordinadores del City Plaza, que él es un activista, no un voluntario. Que para él, un activista es más que alguien que simplemente "trabaja gratis", porque actúa a partir de unos valores de igualdad para construir el mundo tal y como piensa que debe ser. La primera vez que se lo oí decir me pareció que la diferencia no era tan importante. Sin embargo, su mensaje era el mismo que me cayó encima hablando con Noor: que cuando uno se mueve para ayudar a un grupo de personas azotadas por la tragedia, resulta muy fácil dejar que la experiencia nos infle el ego y regresar a casa con el mismo racismo que antes, sólo que con tintes más paternalistas. El racismo, igual que el machismo o la homofobia, se encuentran profundamente arraigados en el pensamiento colectivo, y si bien las agresiones y el odio representan sus mayores peligros, la benevolencia y la condescendencia alimentan y perpetúan esos patrones. "Qué simpático el negrito que vende La Farola", "Me encantan los gays, son muy graciosos", "Las damas primero"... siguen siendo conceptos nocivos y no ayudan a nadie.

 

Cuando la sociedad le grita a una persona que su valía es menor por algo que no ha elegido, lo mejor que podemos hacer por ella es darle poder sobre sí misma. Ayudarla a levantarse, mostrarle que somos lo mismo, que tenemos la misma fuerza. Ponernos a su lado como compañeros, no por encima como salvadores. Porque no hay nada menos empoderador que un "ay, pobrecitos".

 

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Comments: 11
  • #1

    Karin (Wednesday, 10 August 2016 04:34)

    Me alegre leerte otra vez. Esos puntos que anotas son muy validos. Habra tambien una version en ingles?

  • #2

    Revolution on the Road (Wednesday, 10 August 2016 08:37)

    Sí, la habrá :) Gracias!

  • #3

    Ignacio (Wednesday, 10 August 2016 14:06)

    Te aporto una reflexión, ¿a tí no te parece que una frase como "porque actúa a partir de unos valores de igualdad para construir el mundo tal y como piensa que debe ser" ¿no es en sí un acto de paternalismo? ¿Que te hace pensar que tú representas la creación de un mundo mejor? ¿Ese es un espíritu solidario o se esconde detrás de esa perspectiva la misma reflexión de los misioneros que se iban a ofrecer un mundo mejor a los indigenas, pobrecitos ellos. Pobrecitos ellos, que no alcanzan a comprender la grandeza de nuestros conceptos ideológicos y hay que ejercer con ellos una labor, un siglo después, "misionera". Cuidado...las líneas fronterizas de los prejuicios son muy fáciles de traspasar, en un sentido y en el otro. Si hay que ir de solidario, los prejuicios y la ideología se dejan en casa, el lugar donde tenemos que ejercerla y empoderarnos.

  • #4

    Revolution on the Road (Wednesday, 10 August 2016 14:10)

    Hola, Ignacio.

    Entiendo lo que dices. Sin embargo, para mí la diferencia está en que lo que tú describes pasa por imponer esas creencias a un grupo de personas. En el City Plaza tanto activistas como voluntarios organizan y toman decisiones (Nassim, antes de ser activista, fue voluntario). La imposición nunca es horizontal, la solidaridad sí.

  • #5

    Ignacio (Wednesday, 10 August 2016 14:45)

    Hola,

    Yo también entiendo lo que me dices. Pero estáis aplicando un modelo ideológico, el cual comparto, que no creo adecuado en este escenario. Por delante que comparto la ocupación del hotel y la realización de actividades decididas de forma horizontal por ejemplo, en el caso de los afganos, los cuales están fuera de los acuerdos de la UE y vagan por las calles de Grecia (en Tesalonica, unos 400 creo recordar) y por tanto nada tienen que perder, ya que su situación es desesperada y están en un limbo administrativo absoluto. Pero otra cosa es el caso de los sirios, los cuales están en una situación de fragilidad total dado que dependen de los trámites burocráticos, para ser aceptados o no en un país de acogida. Ubicarlos en un hotel o en un edificio ocupado, exponerlos a ser repatriados o expulsados podrá ser todo lo horizontal que quieras, pero no me parece justo. Pero, además, si yo estuviera en su situación tras huir de un país en guerra, y tuviera que pasar encima por el trago de ser nuevamente expulsado de una vivienda por la policia, tampoco creo que sea lo mas solidario que se pueda hacer, dado que la protección y consecuencias legales que puedan provocar esas acciones afectaran de manera diferente, y no precisamente horizontal, a cada uno de los miembros de esa ocupación. Y eso es una imposición, una imposición de consecuencias diferentes para unos y para otros. Y no es esta una reflexión pensada en el "ay pobrecitos", sino en donde acaba la solidaridad y donde comienza la ideología y si la aplicación de esa ideología en ese contexto es realmente no es, como te decía antes, una forma de paternalismo. Y esa es una línea que creo que también ha de ser reflexionada cuidadosamente antes de cruzarla.

    Un saludo

  • #6

    Marta (Wednesday, 07 December 2016 08:42)

    ¿podrías explicarme la diferencia entre solidaridad y caridad?

  • #7

    Revolution on the Road (Wednesday, 07 December 2016 15:34)

    Hola, Marta.

    La solidaridad se ejerce de forma horizontal, adheriéndote a la causa que quieres ayudar a defender como un igual. La caridad se ejerce desde arriba, manteniendo tu postura de privilegio, ayudando pero con los escalones entre tú y quienes sufren bien definidos. La línea es a veces difícil de distinguir y tampoco es que yo tenga la definición objetiva de todo esto, pero así es como lo entiendo y lo he vivido y observado yo. Un abrazo!

  • #8

    Otra Marta (Thursday, 08 December 2016 22:41)

    Este verano participe en la caravana a Grecia para protestar por la situacion de las personas migrantes. En Atenas tuve la oportunidad de visitar el Hotel Plaza y conocer a Nassim. Despues de las duras protestas frente a los CIE de Xhanti y Paranesti el Hotel Plaza y Nassim me ayudaron a recuperar la fe en el ser humano. Estoy de acuerdo con él en que en esta crisis humanitaria faltan activistas. Recuerdosu respuesta a una pregunta sobre las peleas que se producen en los campamentos de personas refugiadas" pongamos en Idomeni a 12.000 europeos y se producirían las mismas peleas si no mas. No es una cuestion de distintos credos, es una cuestion de las condiciones de vida que tienes que soportar que te despojan hasta de la dignidad."

  • #9

    Elisa (Revolution on the Road) (Sunday, 11 December 2016 09:44)

    Hola, Otra Marta!

    Entonces seguramente coincidimos en la azotea, porque yo hice de traductora para quienes vinieron en esa caravana y no sabían inglés :) Yo también recuerdo aquellas palabras que dijo Nasim, tan llenas de verdad. Fueron uno de los mensajes que más grabados se me quedaron dentro. Afortunamente el proyecto continúa y espero que sirva de ejemplo tanto a otros activistas como a los gobiernos. Muchas gracias por tu comentario!!

  • #10

    acg (Wednesday, 22 February 2017 18:56)

    Genial artículo, buenas ideas y bien escritas. En dos semanas voy a Atenas, creo que iré también al City Plaza, a ver si puedo ayudar en algo. Un saludo!

  • #11

    jm (Wednesday, 03 May 2017 23:23)

    Buen artículo. Sólo objetaría que poco tiene que ver lo que los cristianos seguimos entendiendo por "caridad" con lo que dice este texto. Hoy en día la palabra solidaridad ha caído en la categoría de comodín: todo el mundo es solidario. Desde una foto de perfil de Facebook hasta una micro-iniciativa de una start-up. Todo es solidaridad.

    La caridad, en cambio, creo que tiene que ver más con la gratuidad. No es reivindicación, no es "unámonos por esta causa", ni "mírame y sigue mi ejemplo", no es activismo. Al contrario; es discreción y, ante todo, gratuidad: dar, dar, dar y educarse a uno mismo en el dar. "Que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha". Gracias a Dios, sigue ocurriendo en millones de lugares del mundo. Y en fin, desde mi experiencia no tiene por qué ser "ponerte un escalón por encima", ni mucho menos. Puedes ser caritativo con absolutamente todo el mundo, no sólo con mendigos o moribundos.

    (pd: nada en contra de la famosa "solidaridad", sólo faltaba, pero me jode que se hable de la caridad como algo condescendiente y pasado de moda cuando es lo más noble y poético que se puede hacer por otro ser humano).