A ver quién sufre más

 

Si has hecho algún tipo de voluntariado o has trabajado en algún campo relacionado con la desigualdad social, seguramente te sonará esta situación: Llamas por teléfono a alguno de tus seres queridos y les cuentas qué tal te ha ido el día. Por ejemplo, hoy has estado hablando con un refugiado kurdo que cruzó el Egeo en una lancha que se caía a pedazos y escuchando su historia has tenido que aguantarte las ganas de llorar.

Al acabar preguntas: "¿Y tú qué tal?"

Y la respuesta es: "Es que no quiero aburrirte con mis problemas, eso que me has contado es mucho más duro."

Ahora te planteo otra situación. No eres hombre, o heterosexual, o blanco, o cis, y relatas (a alguien que sí lo es) un problema que te genera esa condición. Por ejemplo, dices: "Las personas homosexuales sufrimos violencia por el mero hecho de serlo". Y la otra persona te responde: "Sí, bueno, ¡pero nosotros también sufrimos!"

¿Qué tienen estas dos situaciones en común? ¿Cuál es el factor que hace que se den?

Muy sencillo: Que el privilegio no examinado viene siempre acompañado de la noción de que exponer ciertos problemas significa negar otros - o, dicho de otra forma, que los problemas compiten entre sí.

 

Manifestación de Black Lives Matter en Memphis, Estados Unidos (2014)
Manifestación de Black Lives Matter en Memphis, Estados Unidos (2014)

 

Todas las personas tenemos dentro ese mecanismo mental que hace que, cuando alguien nos relata un problema, automáticamente nos lo llevemos a nuestro propio contexto. Tu hermana se ha roto una pierna y tú piensas "qué faena, si me pasara a mí tendría que dejar de entrenar", y procuras animarla porque te gustaría que te ayudaran en su situación. Resulta muy fácil empatizar. Los conflictos surgen cuando el problema en cuestión nunca, en la vida, podría ocurrirte a ti - es decir, cuando se trata de un problema social, no sólo individual, condicionado por las papeletas que te tocaron al nacer.

Cuando nos enfrentamos a un problema social que nunca podríamos tener, muchas veces reaccionamos negando la validez de nuestros propios problemas. Vuelves de aquella experiencia con personas refugiadas pensando "madre mía, no tengo derecho a quejarme de nada, tengo una vida privilegiada". Pero esta situación es injusta y carece de sentido: de igual forma que pensar que una persona está negando tus problemas por el mero hecho de exponer los suyos.

 

Esto último se da especialmente cuando compartimos entorno con la persona en cuestión, porque nos cuesta más ver que, teniendo una vida tan parecida aparentemente a la nuestra, pueda llegar a sufrir algo que para nosotros es impensable (acoso callejero, brutalidad policial, ataques homófobos...) Ésa es la venda en los ojos del privilegio. Y la consecuencia es que, al final del relato de la otra persona, añadamos un "y tú no" imaginario que ella no ha pronunciado. Sentimos culpa, aunque sabemos que no deberíamos sentirla, porque no hemos propiciado esa situación que nos ha contado. Y, lo que es peor, cuando nos parece que es la otra persona quien nos lanza esa sensación de culpa, nos ponemos a la defensiva. Éste es, grosso modo, uno de los mayores enemigos de las luchas sociales de nuestra era, desde el feminismo hasta el movimiento Black Lives Matter.

 

Las mujeres no negamos que los hombres tengan problemas, señalamos que tenemos problemas por ser mujeres.

Las personas negras no niegan que las blancas tengamos problemas, señalan que parte los suyos vienen dados por el color de su piel.


La misma historia se repite con las orientaciones sexuales, con las clases sociales, con la identidad de género. Cuando alguien te relata un problema que tú jamás podrás tener por una mera cuestión de suerte al nacer, no está diciendo que tu vida sea todo arcoiris y unicornios, porque no está hablando de ti. Está hablando de sí misma y del grupo de personas al que pertenece. No eres tú, es ella.

 

Las mujeres cosen mientras los hombres beben en el bar. Berat, Albania (2016).
Las mujeres cosen mientras los hombres beben en el bar. Berat, Albania (2016).

 

¿De dónde brota, entonces, esa sensación de que nos están responsabilizando de algo que no hemos hecho, esa culpa impuesta que no nos corresponde? Cuando antes he dicho que las desigualdades sociales son una cuestión de suerte al nacer, no he sido del todo justa. No son algo que se dé en la naturaleza, sino que existen porque nuestra sociedad las propicia y perpetúa. Todas/os formamos parte del mismo engranaje y jugamos un papel aunque nos creamos en terreno neutro. Puede que por ahí vayan los tiros, ¿no? Esto quiere decir que, aunque no tengas responsabilidad de ese caso concreto de acoso callejero que te está contando tu amiga, tal vez sí recuerdas haber sido testigo de situaciones parecidas en las que no hiciste nada, y eso te hace revolverte un poco en el asiento. Es una de los inconvenientes de los problemas sociales: que, te afecten o no, juegas un papel en ellos. En la opresión sistemática no existe la neutralidad.

 

Es imposible mantener una postura crítica ante una situación de desigualdad social usando el baremo de la individualidad. Tanto poniendo nuestro sufrimiento por debajo del de otros ("es que lo mío no es nada comparado con lo que sufre la gente en Etiopía") como usándolo para competir ("¿y qué pasa, que por ser hombre yo no sufro?"), de ninguna de las dos formas estamos entendiendo el problema, porque nos estamos comparando con él. Los problemas no son comparables. Los problemas son, y punto. Y los problemas sólo se entienden en el contexto en el que se dan, no se pueden sacar de sus propias circunstancias para meterlos en otras, porque no encajan.

 

Así, yo tengo derecho a decirte que estoy harta de la violencia machista sin tener que explicar que ya sé que no sois todos los hombres, que no lo harías - igual que tú tienes todo el derecho a llorar porque has perdido el móvil a pesar de que haya niños muriendo en países tercermundistas. La vida no supone una competición de a ver quién sufre más. Es imprescindible poner a un lado nuestro propio filtro y escuchar lo que dice el otro para analizar qué rol jugamos en la situación que se nos presenta, sin sentir que se nos identifica automáticamente con el opresor. Porque, tal vez dejando de hacer una negación innecesaria de nuestra culpa y empezando a revisar nuestra responsabilidad en su contexto más amplio, podamos entendernos un poco mejor y ayudar a que, poco a poco, este tipo de problemas vayan desapareciendo.

 

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Comments: 5
  • #1

    Coralu (Thursday, 06 October 2016 11:24)

    Ya sabes que estoy completamente de acuerdo porque soy una feminancy como tú y he revisado mis privilegios.

    A veces, leyendo estos textos, yo que ya soy consciente lo entiendo, pero en mi mente me imagino a un machirulo/reisist que lo lee, no lo entiende (se quedó en las cavernas cazando porque es más fuerte oye) y pienso que jamás lo van a entender, que hay un nivel empático al que no se llega si no has sido oprimido por algún lado, y aún así en complicado entre oprimidos (negros machistas, homosexuales machistas, mujeres racistas...)

    Ojalá la gente leyese y pensase más y callara.

    PD: GRACIAS por utilizar la expresión "grosso modo" correctamente.

  • #2

    Revolution on the Road (Thursday, 06 October 2016 11:33)

    Jajaja lo de "grosso modo" me lo metió mi profesora de Latín en la cabeza en el instituto y ya nunca se me olvidó, era una crack.

    Gracias por tu comentario, la verdad es que sí lo he escrito un poco esperando a que quien no ha revisado sus privilegios, o lo ha hecho muy por encima, entienda que hacerlo no implica fustigarte ni pensar que eres lo peor, sino todo lo contrario, pensar en cómo puedes ayudar a que mejoren las cosas :)

  • #3

    Saúl (Thursday, 13 October 2016 03:40)

    Enhorabuena y muchas gracias por el artículo y el blog, el cual acabo de descubrir, y pienso seguir :-)
    Revisar los privilegios desde la posición en la que te ponen, es un trabajo -absolutamente necesario como comentas- pero complejo; obviamente la penalización social es enorme, y lo más importante quizá, no está construida una narratividad lo suficientemente inclusiva como para asimilar ese "revisionismo" (y ese si que es un trabajo interesante y necesario desde la perspectiva de la identidad masculina).
    Si que entiendo que los problemas, son comparables, y complementarios además, y me da la sensación -quizá equivocada-, que si se construyese una narrativa e imaginario común relacionándolos...todas ganaríamos mucho. Y lo que me parece más importante: corresponden a un mismo origen, un sistema de dominación que se mantiene con la complicidad de los y las sometidas, a través de la creación de falsos privilegios. Otra cuestión es dilucidar cuales son esos falsos privilegios y que consecuencias sociales tienen para los unos y las otras, y que tipo de sociedad asimétrica, mantiene un status quo de poder inalterable desde hace milenios. Quizá la compresión social del problema como algo estructural, nos libre del "mea culpa" liberal y cristiano en su mayor parte. ¿Por qué no complementar en vez de competir, para crear una narración más inclusiva y potente?
    Gracias, un saludo.

  • #4

    Revolution on the Road (Monday, 05 December 2016 11:38)

    Saúl, acabo de ver esto, muchas gracias! Estoy totalmente de acuerdo sobre tu reflexión y me parece muy interesante. Se dice del feminismo que se casó con el capitalismo por la iglesia, y por eso existen tantos sistemas binarios de dominación y privilegio: hombres/mujeres, blancos/resto de razas, primer mundo/tercer mundo, clases altas/clases bajas, etc. Al final, la raíz es la misma, una opresión justificada con factores supuestamente biológicos o naturales, que no es otra cosa que una excusa para aprovecharse de un privilegio inventado.

  • #5

    Floretta Levens (Sunday, 05 February 2017 08:44)


    Why users still use to read news papers when in this technological globe the whole thing is available on net?