Sexo, menstruación y otros tabús de carretera: lo que no te cuentan las guías de viaje

Fotografía de Sofía Boriosi

 

 

Seguramente habrás oído aquello de que a las feministas "nos encanta hablar de la regla". Y no es que nos encante, sino que, como ocurre a menudo, abordar algo que es silenciado por norma hace más ruido que el propio silencio, porque ya lo hemos internalizado. Es posible que no hayas caído en la cuenta de que en los anuncios de compresas la sangre nunca es roja, sino azul; o que los tampones no están considerados productos de primera necesidad (el Gobierno sigue negándose a reconocerlos como tal y reducir su IVA al correspondiente 4%); o que el tema de la regla raramente aparece en guías de viajes, o en las típicas listas de consejos para viajar.

 

Muchas personas argumentan que resulta desagradable hablar de este tema por lo escatológico, pero lo cierto es que, al contrario que otras sustancias escatológicas (como la orina, o las heces), la sangre está tremendamente normalizada y presente en nuestro día a día. Nos pasamos el día viendo sangre en series y películas, en videojuegos. Nos manchamos con sangre falsa todo el cuerpo y la cara en Halloween. Nadie tiene ningún problema en pedir una tirita al hacerse un corte en la mano - pero las mujeres aún pedimos las compresas avergonzadas y en voz bajita para que no se entere nadie. Y es que no es la sangre lo que nos asusta, sino el hecho de que salga de una vagina.

 

Por esta razón me parece importante hablar claramente sobre éste y otros tabús que apenas se mencionan cuando se habla de ir de viaje siendo mujer. Viajar significa adaptar nuestras necesidades y hábitos a nuevas circunstancias que pueden cambiar cada día, y esto incluye tanto la regla como el sexo (un tabú menor, pero tabú al fin y al cabo cuando se habla del sexo de las mujeres). Esto es lo que he aprendido sobre ambas en estos dos años de viajes.

 

Fotografía de Sofía Boriosi 

 

En la película Wild hay una escena en la que la protagonista (una joven que recorre sola durante meses una larga ruta salvaje de EEUU) es avergonzada cuando un hombre mayor que la está ayudando a rehacer su mochila descubre que ella lleva una ristra de condones. "¿Los necesitas todos?" Ella se ríe apurada y dice: "Una mujer se va a hacer senderismo y se lleva 12 condones", negando con la cabeza. Pero en cuanto el hombre se da la vuelta, ella rescata uno y se lo mete en la camisa. Esta escena me llamó la atención cuando la vi en el cine, porque claro que tienes que llevar condones si existe la posibilidad de tener sexo con varones, sea cual sea tu género. En tu vida diaria también, pero especialmente yendo de viaje, porque depende del lugar en el que estés tendrás más problemas que en casa: no conoces bien las marcas que venden, ni lo cerca que tendrás una farmacia, y desde luego no puedes contar con que "se ocupará él". Exactamente igual que con los medicamentos, las tiritas o los artículos relacionados con la menstruación.

 

En pocas circunstancias resulta más fácil tener sexo casual que viajando sola: estás en un lugar donde nadie te conoce y del que te irás pronto, y encima eres la novedad. Si además te hospedas en casas de otras personas, es prácticamente imposible que no surjan oportunidades de acostarte con alguien a quien no volverás a ver. Por esta razón muchas personas aprovechan los viajes para experimentar o desinhibirse sexualmente. Y, si bien es obvio que en el caso de las mujeres corremos el peligro de ser hospedadas por hombres que esperan sexo a cambio de su "hospitalidad", también existe otro bastante más sutil: el de machacarnos por dar rienda suelta a nuestra sexualidad. Y digo peligro porque juzgarnos a nosotras mismas por tener sexo casual es una trampa patriarcal en la que no hace falta la participación de nadie, porque nosotras mismas somos nuestras propias opresoras.

 

Mientras que en el caso de los hombres la promiscuidad se ve como un triunfo, el disfrute sexual de las mujeres sigue siendo castigado cuando no viene acompañado de la posibilidad de un compromiso, o al menos de cierto vínculo emocional. Por esta razón y por muy deconstruidas y empoderadas que estemos, se puede hacer a veces muy difícil, al estar solas, calibrar nuestras decisiones respecto al sexo cuando se eliminan las restricciones de nuestra vida diaria. Es inevitable que a veces nos vuelvan viejos fantasmas y puede ocurrir que caigamos tanto en tener sexo simplemente porque podemos, en un intento de empoderarnos (es decir, tener sexo sin demasiadas ganas, simplemente por el hecho de que nadie nos va a decir nada, lo cual puede ser una vía de escape pero no necesariamente un empoderamiento real), o en machacarnos y juzgarnos por hacer, sencillamente, lo que nos apetece.

 

Los viajes son un proceso de autodescubrimiento, y las experiencias sexuales perfectamente pueden formar parte de ese autodescubrimiento si así lo queremos. Aprovechar unas circunstancias más laxas y convenientes para conocernos sexualmente con más tranquilidad puede darnos más fuerza y mejores nociones de quiénes somos y qué queremos. Y de la misma forma en que viajar me ha ayudado a eliminar estigmas respecto al sexo, también ha tenido unas consecuencias parecidas con la menstruación: te la tienes que llevar contigo y lo mejor es desarrollar con ella la mejor relación posible. Para mí, la solución definitiva fue la copa menstrual.

 

Fotografía tomada con mi móvil en Amberes (Bélgica), 2016

 

Algunas de las cosas que significa usar copa menstrual son:

- No volver a gastar dinero en compresas ni tampones. Nunca más.

- No tener que andar llevando encima compresas ni tampones (si eres olvidadiza como yo, ésta es la solución definitiva: no se te puede olvidar llevarla porque la tienes dentro de la vagina, querida).

- No volver a preocuparte por si manchas o no manchas o si se te ve el rabito del tampón al llevar bañador o si se te nota la compresa o ese largo blablabla que ya nos sabemos muy bien.

 

En este artículo he decidido hablar de un producto concreto que llevo usando cuatro años y me ha acompañado en todos mis viajes: la copa menstrual Naturcup. Mi alusión a este producto ha sido una decisión meditada que considero ética y útil: ética por ser una pequeña empresa llevada por dos mujeres feministas (Adela y Ana) con todo el cariño del mundo, y por ser un producto ecológico; y útil, no sólo por el gran ahorro económico que supone (una copa cuesta 25€ y dura hasta 10 años), sino también por su practicidad a la hora de viajar. Para limpiarla sólo hace falta agua y ni siquiera hace falta que tengas un grifo cerca si llevas una botellita de agua - lo cual quiere decir que te la puedes cambiar tanto en un baño como en mitad del monte.

 

Esta copa está hecha de silicona de tipo médico, es hipoalergénica y tiene tres tallas disponibles. Al comprarla te dan una bolsa de tela para poder llevarla mientras no tienes la regla y un panfleto con instrucciones que puedes ver también aquí. No sólo a un nivel práctico, sino también ético, el uso de la copa menstrual supone dejar de beneficiar a grandes empresas de tampones y compresas que se lucran de la idea de la menstruación como un lujo o algo vergonzoso (sacando tampones perfumados y tonterías parecidas), apoyar a un pequeño negocio, y mirar la regla desde una perspectiva desestigmatizada, ecológica y feminista.

 

Tanto la sexualidad femenina como la menstruación son dos de los grandes desconocidos de nuestro imaginario cultural, y por ello viajar solas supone una gran oportunidad para redescubrirlos, entendernos y respetarnos un poco más. Y aunque no es necesario salir de viaje para interiorizar todo esto, sí supone una forma directa y liberadora de acercarnos a nosotras mismas y así, poco a poco ir ganando terreno en estas batallas que se libran, al fin y al cabo, en nuestros propios cuerpos.

 

 

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Comments: 3
  • #1

    Alicia (Wednesday, 15 March 2017 16:40)

    El artículo está genial. Nunca había caído en muchas cosas que mencionas como lo de la "sangre azul" en los anuncios. Por favor, sigue escribiendo artículos tan maravillosos :)

  • #2

    Elisa (Revolution on the Road) (Thursday, 16 March 2017 00:15)

    Muchísimas gracias, Alicia :)

  • #3

    Florinda (Wednesday, 03 May 2017 08:48)

    Lo de la copa es una idea buenísima salvo si te pasa lo que a mí, que me bloquea la vejiga y no puedo mear. Aparte de que ponermela y quitarmela un par de veces me deja destrozada (a lo mejor no lo hago bien), cada vez que voy a mear, tengo que quitármela porque si no, no puedo. Al final me da más problemas que beneficios. Será menos ecológico pero hasta que dé con algo ecológico y funcional, tampones y compresas (en alternancia, porque ambos me irritan a largo plazo)